La destrucción no tiene la última palabra en Tacloban

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Carteles de petición de ayuda en el barrio de Pai Pai, en Tacloban. 26 de noviembre de 2013

Mañana domingo es 8 de diciembre. Se cumple un mes desde aquel trágico día cuando a las 5 de la mañana el tifón Yolanda/Haiyan azotó con furia las islas del centro de Filipinas. Fueron horas de un viento que alcanzó los 300 kilómetros por hora y mareas ciclónicas que levantaron el mar 5 metros arrasando la zona costera.

He oído muchos testimonios de cómo las personas vivieron la angustia de esas horas. Unos se agarraron a los cocoteros, otros vieron cómo los tejados de sus casas volaban, otros agarraron a sus hijos pero las tormentas ciclónicas los arrancaron de sus manos para siempre. Recuerdo una madre que me contó que perdió a su bebé de tres meses. No me olvido de su cara, no me olvido de su historia.

 

Muchos lo describen como una pesadilla, el ruido como el del motor de un avión encima de la cabeza o como el sonido “los fuegos artificiales de Navidad”, según me explicó Junie M. Ubaldo, por el ruido de los tejados que se estrellaban contra el suelo.

Otros sobrevivieron y dan gracias al cielo y a la vida por seguir vivos aún en las circunstancias difíciles por las que están pasando.

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Chabelata vive en el barrio de San Roque, uno de los barrios más afectados por el tifón ya que está en la costa y las olas superaron los 3 metros. Su casa se destruyó. En la imagen con su familia en la casa que temporalmente han construido. 

 

Desde el 19 de noviembre que es cuando llegué Tacloban, la ciudad ha mejorado notablemente. Han pasado 17 días y hemos visto cambios a diario: se retiran kilos y kilos de escombro cada día, las tienda están abriendo, la gente está reconstruyendo sus casas, hay restaurantes que sirven comida.

Es impresionante ver cómo el trabajo de la comunidad filipina, de las organizaciones locales e internacionales han logrado que esta ciudad empiece a tener una vida un poco más normal en medio aún de mucha destrucción y de mucho dolor.

 

Delante del lugar donde vivimos cuelga un cartel que dice: “Back to business. We deploy: internet wifi” (Vuelta al negocio: ofrecemos servicios de internet wifi”. Esto suena a milagro después de estar los primeros 25 días buscando la señal de internet. Para las personas que trabajamos en comunicación ha sido unalucha contra los elementos lograr enviar nuestras historias, nuestras fotos, nuestros vídeos. Hemos pasado largas tardes mirando nuestras pantallas esperando que nuestros archivos se enviaran y después de 5, 6, 7 horas el mensaje “failed transfer” frustraba nuestro empeño de contar lo que está pasando en Tacloban, de contar cómo están los niños y qué estamos haciendo por ellos.

Oficialmente se dice que han muerto 5.700 personas a causa del tifón. El número de niños que han sufrido las consecuencias del tifón aumenta cada semana. A día de hoy son 6,3 millones. Estos millones tienen caras para mí: Karen, Angeline, Carl, Alexa, Apple Joy, Sofia, Edna, Jonalyn, Chabelata, Justin Max.

Podría seguir con muchos más. Sólo decir que estos niños tienen historias tan concretas como Sofia y Edna que fueron enviadas a Manila con su tía porque su casa se destruyó y su madre no tienen dónde resguardarlas. Karen vive con su familia en un centro de evacuación donde comparten el espacio de un aula con ocho familias. Joela me enseñó su casa en San Roque: unos tablones de madera, trozos de uralita y una lona de plástico. Apple Joy me señaló el lugar donde estaba su casa donde literalmente no quedó nada más que el inodoro sobre unpedazo de cemento.

Pero el trabajo que llevamos haciendo durante este mes la comunidad filipina y las organizaciones de ayuda humanitaria nacionales e internacionales tiene resultados felices también. Apple Joy, de 10 años, puede disfrutar de un Espacio Amigo de la Infancia en el centro de evacuación donde vive actualmente. Ahí puede jugar, aprender, olvidar el trauma que pasó mientras dibuja, canta o lee libros.

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Apple Joy, 10 años con su hermana Nova May en el bario de Pai Pai donde estaba su casa que fue arrasada por el tifón. Actualmente viven en el centro de evacuación de San Jose.

En el caso de Karen ocurre lo mismo. En el centro de evacuación de Rizal, esta niña de 10 años va cada mañana durante dos horas a jugar con sus amigos. El Espacio Amigo de la Infancia de Rizal, que al inicio era solo una carpa, hoy está preciosamente decorado por sus profesoras gracias a los kits de recreación que contienen juguetes y material de aprendizaje. He visto a Karen muchos días seguidos y cada día estámás contenta.

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Karen con su familia en el aula del colegio Rizal que hoy es un centro de evacuación para los afectados por el tifón Yolanda/Haiyan. En el aula viven 8 familias

Justin Max que también viveen Rizal fue vacunado el día 26 de diciembre contra el sarampión, la polio y recibió vitamina A para reforzar su sistema inmunológico durante la campaña masiva de vacunación que UNICEF y aliados pusieron en marcha con el objetivo de proteger de enfermedades a 33.000 niños en Tacloban.

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Justin Max, de 3 años, en el centro de evacuación de Rizal, en Tacloban, recibiendo la vacuna contra el sarampión. La campaña de vacunación que se puso en marcha el día 26 de noviembre tiene el objetivo de llegar a 30.000 niños.

Alexa y Carl volvieron a su colegio en Palo el día 2 de diciembre, y aunque su clase era esta vez bajo una carpa de UNICEF, estaban felices de poder volver a clase “porque sus compañeros habían sobrevivido”.

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Carl y Alexa en su colegio en Palo, que reabrió sus puertas el 2 de diciembre. La mayor parte del colegio está destruido. UNICEF ha colocado una carpa y ha provisto de materiales para que los niños puedan continuar su educación mientras se reconstruye el colegio.

Angeline me replica cada vez que la veo que no se llama Angelica. He conocido a tantos niños desde que llegué y aunque me sé casi todos sus nombres, a veces fallan algunas sílabas. No hay problema, Angeline me recordará montada en su bicicleta que ya es hora de que me acuerde.

 

A Jonalyn la conocí hurgando en la caja de juguetes de uno de los espacios amigos de los bebés que UNICEF ha instalado en los centros de evacuación para que las madres puedan amamantar a sus bebés y los menores de 5 años puedan jugar.

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Jonalyn tiene 5 años. En la imagen está jugando en uno de los “espacios amigos de los bebés y de los padres” que UNICEF ha puesto en marcha. Lo que más le gusta es el hula hoop. 

La destrucción no tiene la última palabra en Tacloban: la última palabra es para la reconstrucción, el trabajo, el esfuerzo y la esperanza del pueblo filipino. Todo un ejemplo de coraje y resistencia.

Los avances que hemos visto en Tacloban y en otras zonas de Filipinas han sido posibles gracias a la ola de solidaridad que se ha movido a nivel mundial, a cada aportación grande y pequeña de los particulares, empresas e instituciones que habéis contribuido para que las personas afectadas por el tifón Haiyan/Yolanda salgan adelante. Se lo merecen.